Cada vez se diagnostican más depresiones infantiles. La unidad infanto-juvenil del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa ha visto cómo en sólo 10 años, los casos de depresiones, tanto graves como leves, han pasado de afectar a un 5% de los pacientes a un 10%. Se estima que estos problemas afectan a un 2% de los niños y un 6% de los adolescentes.
El incremento se debe a varios factores. Por un lado, se diagnostica cada vez mejor y más menudo. Por otra parte, no siempre la tristeza significa depresión, puesto que puede suceder que el menor se sienta incapaz de afrontar ciertos problemas. Y, además, suelen tener más dificultades para contar sus preocupaciones por lo que hay que estar muy pendiente de ellos, tal y como afirma Mariano Velilla, jefe de la Unidad del Clínico.
Cuando estos problemas existen pueden aparecer cambios de conducta o irritabilidad, bajón en el rendimiento escolar, aislamiento, inhibición, y en adolescentes, son muy frecuentes las conductas límite como las que implican riesgo, castigo o una atención especial del entorno.
En jóvenes de 14 a 17 años se están observando más trastornos relacionados con la dificultad para adaptarse al entorno, ya que como indica Mariano Velilla: “las nuevas generaciones son emocionalmente más débiles o inmaduras, tienen mucha menos tolerancia a la frustración” y “viven en la cultura del todo o nada. Se han acostumbrado a conseguir respuestas rápidas y gratificantes, algo que propicia cierto malestar emocional y una infelicidad que a veces raya con la depresión”.
Sin embargo, es necesario no alarmarse en exceso. Muchas veces, el problema está en el núcleo familiar, y lo mejor que se puede hacer, incluso antes de acudir a un profesional, es que los cabezas de familia se paren a pensar en lo que está ocurriendo.
Suelen aparecer combinados en ocasiones con la tristeza extrema. Así, los jóvenes que padecen una depresión están más predispuestos para tomar unas sustancias que les harán evadirse. A su vez, la ingesta de las mismas somete a la persona que se está formando a una pseudorrealidad que acabará afectándole, y que podrá desembocar en la enfermedad. Además, los tóxicos están muchas veces detrás de algunos trastornos e incluso de lo que se conoce como la conducta suicida del adolescente.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta de este aumento de trastornos psiquiátricos entre jóvenes y adolescentes en los últimos 10 años, y da prioridad al problema de la depresión y el suicidio. Concretamente, éste se ha convertido en la tercera causa de muerte entre los adolescentes, y la primera de los jóvenes.
Mariano Velilla pide a los padres que estén alerta: “Aunque sean sólo intentos leves de suicidio, aunque parezca que no van en serio... estos son síntomas de que algo pasa, y aquí también juega su papel la prevención precoz”, explica.
De hecho, hay personas que padecen cierta vulnerabilidad biológica. “Los adultos depresivos que responden peor al tratamiento son los que en su adolescencia sufrieron a los primeros episodios del problema”, destaca este especialista.
Lara Cotera. Zaragoza